viernes, 19 de marzo de 2010

La ciudad del botellón

Ésta es la consecuencia. No nos llevemos a engaños. Hace unos años el Ayuntamiento de Granada reclamaba a la Junta de Andalucía una legislación para que en nuestra capital pudiéramos combatir el botellón. Una legislación que permitiera a las autoridades locales tener un texto en el que basarse para prohibir las habituales concentraciones de jóvenes en torno a una botella.

La Junta cumplió, cosa que pasa de lustro en lustro. Cumplió otorgando a toda nuestra comunidad un decreto ley por el cual se prohíbe el consumo de alcohol en la vía pública excepto en lugares habilitados para tal fin. Somos la ciudad del “pero”, así que nos ajustamos a la legislación y habilitamos un botellódromo para que los jóvenes puedan beber de forma organizada y así ganar el pulso a los ayuntamientos socialistas. ¡Bravo!

Por ello, me ponen de mal humor estas cosas. El equipo de gobierno, y en concreto, Eduardo Moral como concejal de Seguridad Ciudadana, conocen de sobra la convocatoria de un botellón que lleva desde hace años reuniendo a más de 20.000 personas. La fiesta de la Primavera.

Dejemos a un lado el hecho de que me resulte indignante que los jóvenes se reúnan únicamente con el fin de beber. No salen a la calle para protestar porque su futuro se ve enturbiado por una crisis que parece no acabar nunca. Tampoco salen para pedir a los gobernantes que apuesten por una educación mejor. Parece que hace falta convocarles con una botella de Cacique y decirles que protesten al son de “Hemos venido a emborracharnos y el resultado nos da igual”.

El botellón se convoca, y se hace. Bien. Por lo tanto, el único responsable de lo que pasa es el Ayuntamiento. ¿Dónde están los servicios públicos para que las 25.000 personas puedan orinar? , ¿Por qué se puede cerrar el botellódromo el día de la Cruz y no se puede clausurar en ocasiones como ésta?

Los responsables municipales se vanaglorian de que saben controlar a los jóvenes que vienen a Granada a beber. Bajo mi punto de vista a los responsables del equipo de gobierno les hace falta una buena dosis de realidad.

Ricardo Cañadas

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