Es Domingo de Ramos y no me lo ha dicho la mañana. Ni el sol que lo alumbra, que hoy brilla más que nunca. No me lo ha dicho tan siquiera el despertar, el tormento o la calma. No me lo han dicho mi costal, mi faja o mi medalla.
Sé que es Domingo de Ramos, porque el corazón ya ha contestado a una llamá. La llamá de aquellos que han sido, son y siguen siendo mi Domingo de Ramos. Aquellos que me tiran de la ropa todo el año, que me echan una mano debajo del palo cuando los problemas aparecen y, por supuesto, aquellos que me acompañan cuando le caben "tres zancás y dos mecías".
Hoy es Domingo de Ramos y me lo dice mi corazón, que sueña enamorado de la cuaresma, y que se ha vuelto ilusionar con este maravilloso momento de emoción.
Hoy es Domingo de Ramos porque me acuerdo de los que no están. De aquellos que compartían conmigo su momento más cercano al anunciar que la "Pollinica" salía en media hora. Y de los que, gracias a Dios, siguen estando. Es Domingo de Ramos porque me acuerdo de mi Padre, el que me fajó por primera vez, pasó catedral agarrado de mi mano y la salud lo sacó debajo de los palos antes de que su corazón quisiera. Me acuerdo sabiendo que sigue a mi lado, y que año tras año llenará las bullas hasta que en el cielo necesiten algún Cirineo. Me acuerdo de mi Padre, que coronó de Amarguras mis ensayos, que me hizo costalero ante mis fallos. Me acuerdo de mi Padre, porque noche tras noche, me hizo cofrade en un Campanario.
Es Domingo de Ramos, porque me acuerdo de mi Madre. La que todos los años tiene listo mi uniforme. Ya sean costales, fajas y zapatillas, o traje, micrófono y zapatos. Ella siempre sabe hacerlo. Y de esa manera tan importante, me ha enseñado la Humildad, el respeto y el trabajo. Me acuerdo de mi Madre, porque es la templanza, el cariño y la cercanía; y la voz de cada día, la que me reza y me llora, la que me entiende y me espera. Me acuerdo de mi Madre porque nunca habrá mantilla que pueda mecerse en su pelo más grande que el amor con la que yo la quiero.
Me acuerdo de mi tío, mi hermano. Aquel que me enseñó lo que significa Realejo. Al que aún le debo un Domingo como éste. El que siempre está. El que calla pero habla, el que mira y escucha. Bulería en San Román y Consuelo Gitano. Mi tío es La Saeta y la emoción. El que por primera vez me hiciera hermano de esta devoción. Redención. Mi tío es el arte, el cariño y el corazón.
Es Domingo de Ramos porque me acuerdo de Rafa, Pablo y Nacho. De Quino, Angu, Raúl y todos los locos que he conocido en esta maravilla.
Es Domingo de Ramos porque la ilusión se alberga dentro como uno de sus clavos. La alegría llena mi sentir y las mariposas vuelan en mi barriga, porque vuelvo a estar enamorado de la pasión.
Es Domingo de Ramos, porque lo dice mi mente a son de corneta y oración. Es Domingo de Ramos, Señor. Gracias de nuevo por dejar que te rece desde mi corazón.
¡A ESTA ES!
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