Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la amistad puede ser definida como el "afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato", pero creo que a esa definición le faltan muchos matices.
Si difícil es definir el amor, igual de complejo es definir la amistad.
Juan Carlos Aragón, profesor de filosofía de bachillerato y compositor del Carnaval de Cádiz, escribió una letra en el año 2004 dedicada a la amistad. "Hoy me quiero emborrachar con la mitad de mis amigos y acordarme de la otra mitad porque también han sido mis amigos de verdad y, aunque al final se me hallan ido, no por ello me olvido aún sabido que no volverán".
A lo largo de nuestras vidas hacemos infinidad de amigos. Pueden llegar en nuestra infancia, en el colegio, en la universidad, en la noche, en los bares, en la cofradía, en el deporte, etc. Pero por desgracia, es difícil conservarlos a todos.
El pasodoble de Aragón sigue diciendo "Uno se fue por dinero, otro se fue por envidia, uno se fue porque una mujer se llevó su corazón entero...". Casi todos tenemos algún amigo que nos ha dejado de lado por estar con una mujer y, posiblemente, todos lo hallamos hecho alguna vez al enamorarnos. La grandeza de la amistad está en perdonar, en poner la otra mejilla y dar oportunidades nuevas; pero todo tiene un límite.
A la amistad hay que regarla. Aguanta temporadas sin agua. Incluso es capaz de sobrevivir a las heladas, la calima y la falta de abono. No necesita que le canten canciones ni los mejores cuidados, pero las sequías extremas pueden matarla.
Qué sabia es la frase que dice "Quien tiene un amigo, tiene un tesoro", porque son pocos los que saben valorar tu amistad como una de las cosas imprescindibles de la vida.
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