Acabó la Semana Santa que me devolvió las ganas, la ilusión y la esperanza de un nuevo amanecer siempre y siempre a tu vera. Acabó sin darnos cuenta, cuando aún esperábamos el llamador, cuando un único muñidor nos rogaba silencio y cuando la saeta entonaba el quejío con un nuevo lamento.
Terminó la chicotá, el incienso y la plegaria. Terminó la marcha cuando menos lo esperaba. Se me ha ido la Semana Santa que tanto necesitaba.
Tuve la suerte de ser el faldón de tu costero, la mano que cada momento encendía tu candelero. Fui tu techo de palio, tu racheo y tu Cirineo. Mi faja, mi costal y el momento que más deseo. He sido la corneta, el tambor y tu llamaor. Tu tarjeta de sitio y tu relevo. La levantá al cielo, tu incienso y el palo cuando más te quiero.
Has sido Cristo, mi medalla y el bordado de tu saya. Tu cruz y mi primera caída. Me has envenenado con tu mecía y la cadencia de tu caminar. Me has llenado la vida, de ilusión mi nuevo día, y de espera para volver a ver tu sombra reflejada en la recogía.
Has sido Madre, mi arpillera. La nueva luz de la primavera. La bambalina al viento, el varal y la peana que llevo dentro. Has sido la dulzura renovada, la delicadeza y el arte.
Has sido Realejo, el portento. El aire nuevo que quiero dentro. El arte y el señorío. El "ole" y el momento más sentío. Has sido Realejo las ganas, Santo Domingo por la mañana, y un facundillo que nos sigue dejando con más ganas.
Terminó la Semana Santa, la que me gusta, la de Granada. Terminó la que me llena, la que me hace seguirte, con la que camino sobre los pies y a costero. De salida y al regreso. Terminó anunciando que Cristo vuelve a vivir en mi de nuevo.
Amanece un nuevo día, y yo quiero volver al Realejo.
"AHÍ QUEÓ"
